Francisco Casco de Mendoza Imprimir
Este estanciero de la Cañada de la Cruz pertenecía a un antiguo linaje rioplatense: el hidalgo español Gonzalo Casco, su tatarabuelo, había llegado desde el Perú a la ciudad de Asunción, donde fue regidor y alcalde, y allí casó con Ana Catalina de Abalos y Mendoza. Un hijo de estos, Víctor Casco de Mendoza, participó de la segunda fundación de Buenos Aires y en su calidad de "vecino conquistador" recibió una merced de las tierras y una encomienda de indios; luego ejerció los oficios de regidor, justicia mayor y teniente de gobernador. Pero sus descendientes, que fueron muchos y se distanciaron pronto de los círculos de poder, no gozaron de esas prerrogativas.
   Pese a lo destacado de su ancestral, Francisco nació en un hogar que distaba de ser menesteroso, pero en el que nada sobraba. Un padre muerto tempranamente, una madre viuda alojada por sus parientes, hermanas que se casaron sin dote por falta de bienes son detalles que describen su modesta juventud. Cuando contrajo matrimonio en 1682, su única fortuna consistía en un vestuario escaso pero decente. No muy distinta era la situación de su esposa Gregoria Gil Negrete, que descendía de una familia de encomenderos venida a menos y falleció pocos años después.
   En los años que siguieron, Francisco logró hacerse de un par de carretas, algunos bueyes y treinta caballos mansos gracias a la venta de la casa ancestral, de la que no quedaban más que unas tapias de adobe medio caídas. Le permitieron sumarse a las caravanas a fines del siglo XVII que se lanzaban al tráfico con las ciudades de Noroeste, y eran todo su patrimonio cuando en 1692 contrajo segundas nupcias en la Capilla del Baradero con María Gelves de Castañeda, oriunda del Tucumán, a la que quizás conoció en uno de eso viajes. Su suegro, el Teniente Antonio Gelves, había sido fletador de ganado entre Buenos Aires y su provincia natal, pero acabó por afincarse con su familia en la Cañada de la Cruz, donde adquirió algunas tierras de estancias. La dote de su hija, que consistió en doscientas yeguas bagualas y cuatro burros sementales revela la intención de iniciar a su yerno en la crianza de mulas, objeto de un comercio cada vez más rentable con el Alto Perú.
   Francisco Casco de Mendoza se caracterizó por el dinamismo con que supo moldarse a los estímulos de los mercados porteños y altoperuano, pero a lo largo de su existencia alternó momentos de activa participación en los negocios con otros de retraimiento a sus actividades rurales cotidianas. La etapa de despegue se produjo entre 1996 y 1707, cuando se inició como criador de mulas y adquirió tierras de estancia para apacentar sus yeguas, que en 1702 ya ascendían a las quinientas cabezas. Desde 1696 residió en la estancia de su suegro Antonio Gelves y dos años más tarde se mudó con su familia y haciendas a una estancia que compró a Antonia de los Reyes, viuda de Antonio Rodriguez. En 1708, con objeto de ampliar sus pasturas, adquirió una segunda estancia al propietario lindante, el Capitán Luis del Aguila, con lo que el frente de sus terrenos al arroyo de la Cruz se extendió a 6000 varas.mscasco
   Los años que sucedieron entre 1707 y 1721 fueron los que le exigieron un mayor esfuerzo de adaptación, pero también los más fértiles en emprendimientos. En primer lugar, la definitiva desaparición de las manadas de ganado cimarrón en las praderas pampeanas lo obligó a incurrir en la domesticación del vacuno. Hasta 1710 había obtenido varias licencias para faenar toros montaraces y vender la corambre a los capitanes de los navíos negreros franceses en las barracas de la Compañía de Guinea. Pero debido a la caza desmedida, las cimarronadas se mostraban cada vez más escasas, y en 1713 Casco ya había tomado la precaución de introducir ganado bovino en sus estancias. No renunció por ello a la cría de mulas, que proveía a mercaderes acopiadores como Joseph de Arregui.
   En esos mismos años arrendó a la Iglesia la recaudación del diezmo de granos del distrito de Luján, circunscripción impositiva que se extendía originariamente desde Escobar a la frontera con Santa Fe. Como es sabido, los productores rurales estaban obligados a contribuir todos los años con la décima parte de las cosechas y los terneros. Pero el obispado de Buenos Aires no estaba dispuesto a sostener una costosa burocracia que recorriera los campos y prefirió arrendar la cobranza a particulares traspasándoles el derecho a percibir esta exacción a cambio de una suma prefijada que surgía de un remate público.    Francisco arrendó el diezmo de granos de Luján en 1707, 1713, 1716, 1718 y 1721, y se convirtió en 1711 en recaudador del diezmo de ganado o cuatropea de toda la campaña.
   En un periodo posterior que se extendió de 1722 a 1735, Casco dejó de arrendar la recaudación del diezmo y se replegó en sus haciendas. Esta etapa se nos presenta como la más oscura de su vida, precisamente porque su existencia se ruralizó. Añadió nuevas tierras de estancia a las que ya poseía que adquirió en Areco al maestre de campo Juan de Samartín y en la Cañada de la Cruz al Capitán Sebastián de la Póveda, pero el fallecimiento de su esposa Maria Gelves lo forzó a fraccionarlas para repartirlas en herencia entre hijos y yernos. No fue hasta los últimos años de su vida, entre 1736 y 1745, en que volvió a convertirse en diezmero, pero esta vez asistido por sus hijos Joseph Eufrasio, Martín y Mayoriano, en quienes delegó las responsabilidades de la recaudación a causa de su extrema ancianidad.
No es de extrañar que Francisco Casco de Mendoza emprendiera la construcción del oratorio de su estancia alrededor de 1725, en la etapa más "rural" de su existencia. Este sitio de culto ya es mencionado en una Memoria de los casamientos que se celebraron en la campaña durante los cinco años anteriores, presentada por los curas rectores de la Iglesia Catedral al Cabildo Eclesiástico de Buenos Aires. Alude a él en dos oportunidades, la primera al referir el "Casamiento y velación en la Capilla de Casco de Jerónimo Sanchez con Sebastiana Molina" y la otra al mencionar el "Casamiento y velación en la Capilla de Francisco Casco de unos negros suyos". Estas dos partidas, que aunque no están datadas se encuentran insertadas entre otras que lo están, pueden ser fechadas entre comienzos y mediados de 1727.
Otro documento de época nos permite conjeturar con qué fines fue edificado el oratorio. En 1730 Mayoriano Casco de Mendoza, tercer hijo varón de Francisco y Maria Gelves fue enviado a una ciudad del interior - posiblemente la de Córdoba - a ordenarse como sacerdote. En diciembre de ese año su padre, que lo había mantenido hasta entonces, le instituyó un patrimonio de 2000 pesos para que gozase de una renta anual de 100 pesos hipotecando "una estancia poblada con dos casas de teja, capilla, ganados y media legua de tierras de frente con el fondo que les corresponde a las demás de aquel pago". ¿No resulta natural que éste hacendado pudiente preocupado porque su hijo tuviera donde celebrar misa durante sus visitas a la Cañada de la Cruz hiciera construir esa capillita en sus estancias?
   Francisco sin embargo vio frustrado su propósito. Por motivos que no son desconocidos, Mayoriano retornó con su familia y al cabo de un año contrajo matrimonio en Buenos Aires con doña Margarita Villavicencio, oriunda de Santiago del Estero.
   Pocos años más tarde la capillita de los Casco concitó el interés de Juan de Arregui, obispo de Buenos Aires. Arregui la juzgó en condiciones de atender a la vecindad del extenso curato de Areco, que por entonces abarcaba los actuales partidos de Exaltación de la Cruz, Zárate, Campana, San Antonio de Areco y San Andrés de Giles, y la consagró como viceparroquia. Se ha conjeturado que la ceremonia de consagración fue el 14 de Septiembre de 1735, en que se hallaba en gira pastoral por su diócesis visitó la parroquia de Areco; ese día el calendario católico celebraba la Exaltación de la Cruz. Aunque nada contradice esta presunción, tampoco es posible su verificación. En todo caso, la consagración tuvo que ser anterior a Agosto de 1737, en que el presbítero Miguel Gonzalez de Leyba, primer vice-párroco, renunció a su cargo para convertirse primero en capellán del Santuario de Nuestra Señora del Luján.

Fuente: "CAÑADA DE LA CRUZ - Tierra, producción y vida cotidiana en un Partido Bonaerense durante la colonia"- Carlos María Birocco, 2003
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