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Ecos de la Cañada
Ya se encuentra disponible el CD de Ecos de la Cañada para descargar desde internet, haciendo click aqui.
Este CD ha sido grabado entre noviembre de 2009 y septiembre de 2010, con la realización y recopilación de Héctor Bacci. Es un materiar de distribución gratuita.
Declarado de "Interés Municipal" - Ord. Nº66/2010 por el Honorable Concejo Deliberante de Exaltación de la Cruz.

Edición Especial Bicentenario. Recopilación de obras de autores, compositores e intérpretes de Exaltación de la Cruz, Buenos Aires, República Argentina.
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Mateo S. Casco Imprimir
En circunstancias en que la República trataba de reestructurar sus bases, trastocadas por veinte años de sangre y de barbarie, el 2 de diciembre de 1861, nacía en el pueblo de Exaltación de la Cruz, un ciudadano que con el tiempo, habría de ocupar un plano de excepción en el panorama político de su época.mscasco
Don Zenón Casco y doña Margarita Cano, respetables y acaudalados vecinos de este partido, fueron sus padres. Las primeras incursiones en las letras, las hizo en este, su pueblo natal, pero ya a los nueve años de edad fue enviado a Buenos Aires, a aumentar y perfeccionar su instrucción. Cumplidos veinte años apenas, debió retornar al solar nativo por así reclamarlo sus padres; de una simpatía innata, figura atrayente, siempre dispuesto a tender su mano generosa al amigo necesitado, el joven Mateo vislumbró en la penumbra de una época azarosa, el camino de su vocación: el de la política.

Hallándose al frente de la Comuna aquel grande hombre público que se llamó don José Serapio Sosa, Mateo S. Casco ocupa el cargo de Secretario Municipal, su primer puesto en la administración pública, en el año 1884. De férrea voluntad y poseedor de un espíritu que no se doblegaba ante la adversidad, abrió pronto amplio camino en el panorama político local, llegando en breve carrera a ser jefe absoluto del Partido Conservador, luego de actuar en .el Partido Rochista, Achavalista, Unión Provincial y Partidos Unidos, todos estos, partidos que dieron origen al Conservador.
      Luego de ser designado Juez de Paz del Partido, obtiene su primer cargo electivo correo Presidente del H. Concejo Deliberante, siendo electo más tarde Intendente Municipal de Exaltación de la Cruz, cargo éste que ocupó en sucesivos periodos. La Cámara de Diputados de la Provincia, a partir de 1901, lo contó entre sus miembros en repetidas oportunidades. ocupando cargos de jerarquía y presentando múltiples proyectos. muchos de los cuales fueron aprobados.

     
En su gobierno municipal, Mateo S. Casco realizó numerosas obras que beneficiaron notablemente a la localidad, entre ellas: La modernización de la actual Casa Municipal; la creación de la desaparecida Escuela Normal Elemental en 1915, en cuyo seno se educó una generación de nuestros maestros; el embellecimiento del Templo Parroquial, al cual 1e construyó la actual escalinata de mármol, quitándole la antigua verja que lo afeaba; etc.
     Como diputado provincial, fue autor de los proyectos de ley por los cuales se crearon los partidos de Caseros y Gral. Madariaga y otro por medio del cual se modificó la demarcación de límites con el partido de Campana, restituyendo al nuestro aproximadamente 180 kms. de extensión, que se consideraban perdidos. También por inici3tiva suya, se aprobó la ley que faculta a los Jueces de Paz, en ciertos casos, a conceder a los menores venia supletoria para contraer matrimonio.
      La vida pública de don Mateo S. Casco fue múltiple y fecunda y marcó una época en la política lugareña. Alejado de la escena política a la cual había consagrado la mayor parte de su vida, el 17 de agosto de 1924, falleció en la ciudad de Buenos Aires en la mayor indigencia.
      Según manifestación de sus amigos: en el momento de morir todo su capital ascendía a la suma de 10.- pesos.
     Por rara paradoja, mientras la clepsidra de su vida se detenía para siempre, en este, pueblo de sus luchas y afanes, al que el consenso popular designaba irónicamente con el nombre de cierta región itálica seguida de un diminutivo, las campanas del Templo, elevaban su canto de bronca sobre el tumulto y las pasiones que arrastraban a las conciencias al caos y a la anarquía política.
      Por gestión de don Esteban Urcelay y un grupo de sus amigos, los restos de Mateo S. Casco descansan hoy en E cementerio de Capilla del Señor y una de sus calles lleva el nombre del desaparecido hombre público, nombre ligad para siempre a la historia política local.


Fuente: Gran Anuario de Exaltación de la Cruz - Año 1995
 
Don Eduardo Tormey - Primer Intendente Municipal Imprimir
Don Eduardo Tormey, primer Intendente Municipal, nació en Exaltación de la Cruz, el 8 de enero de 1848. Fueron sus padres Don Gerónimo Tormey y Doña María Culligan.
Durante varios períodos rigió los destinos de la comuna y su administración fue una de las más honestas y provechosas para el pueblo.
Fue Diputado por tres períodos consecutivos.
Falleció el 31 de enero de 1912.
 
Francisco Casco de Mendoza Imprimir
Este estanciero de la Cañada de la Cruz pertenecía a un antiguo linaje rioplatense: el hidalgo español Gonzalo Casco, su tatarabuelo, había llegado desde el Perú a la ciudad de Asunción, donde fue regidor y alcalde, y allí casó con Ana Catalina de Abalos y Mendoza. Un hijo de estos, Víctor Casco de Mendoza, participó de la segunda fundación de Buenos Aires y en su calidad de "vecino conquistador" recibió una merced de las tierras y una encomienda de indios; luego ejerció los oficios de regidor, justicia mayor y teniente de gobernador. Pero sus descendientes, que fueron muchos y se distanciaron pronto de los círculos de poder, no gozaron de esas prerrogativas.
   Pese a lo destacado de su ancestral, Francisco nació en un hogar que distaba de ser menesteroso, pero en el que nada sobraba. Un padre muerto tempranamente, una madre viuda alojada por sus parientes, hermanas que se casaron sin dote por falta de bienes son detalles que describen su modesta juventud. Cuando contrajo matrimonio en 1682, su única fortuna consistía en un vestuario escaso pero decente. No muy distinta era la situación de su esposa Gregoria Gil Negrete, que descendía de una familia de encomenderos venida a menos y falleció pocos años después.
   En los años que siguieron, Francisco logró hacerse de un par de carretas, algunos bueyes y treinta caballos mansos gracias a la venta de la casa ancestral, de la que no quedaban más que unas tapias de adobe medio caídas. Le permitieron sumarse a las caravanas a fines del siglo XVII que se lanzaban al tráfico con las ciudades de Noroeste, y eran todo su patrimonio cuando en 1692 contrajo segundas nupcias en la Capilla del Baradero con María Gelves de Castañeda, oriunda del Tucumán, a la que quizás conoció en uno de eso viajes. Su suegro, el Teniente Antonio Gelves, había sido fletador de ganado entre Buenos Aires y su provincia natal, pero acabó por afincarse con su familia en la Cañada de la Cruz, donde adquirió algunas tierras de estancias. La dote de su hija, que consistió en doscientas yeguas bagualas y cuatro burros sementales revela la intención de iniciar a su yerno en la crianza de mulas, objeto de un comercio cada vez más rentable con el Alto Perú.
   Francisco Casco de Mendoza se caracterizó por el dinamismo con que supo moldarse a los estímulos de los mercados porteños y altoperuano, pero a lo largo de su existencia alternó momentos de activa participación en los negocios con otros de retraimiento a sus actividades rurales cotidianas. La etapa de despegue se produjo entre 1996 y 1707, cuando se inició como criador de mulas y adquirió tierras de estancia para apacentar sus yeguas, que en 1702 ya ascendían a las quinientas cabezas. Desde 1696 residió en la estancia de su suegro Antonio Gelves y dos años más tarde se mudó con su familia y haciendas a una estancia que compró a Antonia de los Reyes, viuda de Antonio Rodriguez. En 1708, con objeto de ampliar sus pasturas, adquirió una segunda estancia al propietario lindante, el Capitán Luis del Aguila, con lo que el frente de sus terrenos al arroyo de la Cruz se extendió a 6000 varas.mscasco
   Los años que sucedieron entre 1707 y 1721 fueron los que le exigieron un mayor esfuerzo de adaptación, pero también los más fértiles en emprendimientos. En primer lugar, la definitiva desaparición de las manadas de ganado cimarrón en las praderas pampeanas lo obligó a incurrir en la domesticación del vacuno. Hasta 1710 había obtenido varias licencias para faenar toros montaraces y vender la corambre a los capitanes de los navíos negreros franceses en las barracas de la Compañía de Guinea. Pero debido a la caza desmedida, las cimarronadas se mostraban cada vez más escasas, y en 1713 Casco ya había tomado la precaución de introducir ganado bovino en sus estancias. No renunció por ello a la cría de mulas, que proveía a mercaderes acopiadores como Joseph de Arregui.
   En esos mismos años arrendó a la Iglesia la recaudación del diezmo de granos del distrito de Luján, circunscripción impositiva que se extendía originariamente desde Escobar a la frontera con Santa Fe. Como es sabido, los productores rurales estaban obligados a contribuir todos los años con la décima parte de las cosechas y los terneros. Pero el obispado de Buenos Aires no estaba dispuesto a sostener una costosa burocracia que recorriera los campos y prefirió arrendar la cobranza a particulares traspasándoles el derecho a percibir esta exacción a cambio de una suma prefijada que surgía de un remate público.    Francisco arrendó el diezmo de granos de Luján en 1707, 1713, 1716, 1718 y 1721, y se convirtió en 1711 en recaudador del diezmo de ganado o cuatropea de toda la campaña.
   En un periodo posterior que se extendió de 1722 a 1735, Casco dejó de arrendar la recaudación del diezmo y se replegó en sus haciendas. Esta etapa se nos presenta como la más oscura de su vida, precisamente porque su existencia se ruralizó. Añadió nuevas tierras de estancia a las que ya poseía que adquirió en Areco al maestre de campo Juan de Samartín y en la Cañada de la Cruz al Capitán Sebastián de la Póveda, pero el fallecimiento de su esposa Maria Gelves lo forzó a fraccionarlas para repartirlas en herencia entre hijos y yernos. No fue hasta los últimos años de su vida, entre 1736 y 1745, en que volvió a convertirse en diezmero, pero esta vez asistido por sus hijos Joseph Eufrasio, Martín y Mayoriano, en quienes delegó las responsabilidades de la recaudación a causa de su extrema ancianidad.
No es de extrañar que Francisco Casco de Mendoza emprendiera la construcción del oratorio de su estancia alrededor de 1725, en la etapa más "rural" de su existencia. Este sitio de culto ya es mencionado en una Memoria de los casamientos que se celebraron en la campaña durante los cinco años anteriores, presentada por los curas rectores de la Iglesia Catedral al Cabildo Eclesiástico de Buenos Aires. Alude a él en dos oportunidades, la primera al referir el "Casamiento y velación en la Capilla de Casco de Jerónimo Sanchez con Sebastiana Molina" y la otra al mencionar el "Casamiento y velación en la Capilla de Francisco Casco de unos negros suyos". Estas dos partidas, que aunque no están datadas se encuentran insertadas entre otras que lo están, pueden ser fechadas entre comienzos y mediados de 1727.
Otro documento de época nos permite conjeturar con qué fines fue edificado el oratorio. En 1730 Mayoriano Casco de Mendoza, tercer hijo varón de Francisco y Maria Gelves fue enviado a una ciudad del interior - posiblemente la de Córdoba - a ordenarse como sacerdote. En diciembre de ese año su padre, que lo había mantenido hasta entonces, le instituyó un patrimonio de 2000 pesos para que gozase de una renta anual de 100 pesos hipotecando "una estancia poblada con dos casas de teja, capilla, ganados y media legua de tierras de frente con el fondo que les corresponde a las demás de aquel pago". ¿No resulta natural que éste hacendado pudiente preocupado porque su hijo tuviera donde celebrar misa durante sus visitas a la Cañada de la Cruz hiciera construir esa capillita en sus estancias?
   Francisco sin embargo vio frustrado su propósito. Por motivos que no son desconocidos, Mayoriano retornó con su familia y al cabo de un año contrajo matrimonio en Buenos Aires con doña Margarita Villavicencio, oriunda de Santiago del Estero.
   Pocos años más tarde la capillita de los Casco concitó el interés de Juan de Arregui, obispo de Buenos Aires. Arregui la juzgó en condiciones de atender a la vecindad del extenso curato de Areco, que por entonces abarcaba los actuales partidos de Exaltación de la Cruz, Zárate, Campana, San Antonio de Areco y San Andrés de Giles, y la consagró como viceparroquia. Se ha conjeturado que la ceremonia de consagración fue el 14 de Septiembre de 1735, en que se hallaba en gira pastoral por su diócesis visitó la parroquia de Areco; ese día el calendario católico celebraba la Exaltación de la Cruz. Aunque nada contradice esta presunción, tampoco es posible su verificación. En todo caso, la consagración tuvo que ser anterior a Agosto de 1737, en que el presbítero Miguel Gonzalez de Leyba, primer vice-párroco, renunció a su cargo para convertirse primero en capellán del Santuario de Nuestra Señora del Luján.

Fuente: "CAÑADA DE LA CRUZ - Tierra, producción y vida cotidiana en un Partido Bonaerense durante la colonia"- Carlos María Birocco, 2003
 
Miguel Hangel Gonzalez Imprimir
Miguel Hangel González es hijo de Capilla del Señor como Irízar. Allí nació el 11 de septiembre de 1930, en el hogar de Ángel González Navarro y de Miguela E. Ferreyra y murió el 7 de Agosto de 1996. Espíritu curioso y ávido, a poco de terminar el bachillerato se recibió de Profesor de Música. Tocaba el piano y el órgano. Los estudios superiores lo llevaron a obtener los diplomas de Técnico para el Servicio de Museos, Profesor de Historia y Licenciado en Ciencias Antropológicas, éste último otorgado por la Universidad de Buenos Aires. Fue ayudante de cátedra de la estudiosa del folklore Berta Elena Vidal de Battini y Secretario Técnico de Ciencias Antropológicas de la UBA. Representó al Museo Etnográfico de esa universidad como Prosecretario de la Asociación Amigos del Museo de Historia de Tierra del Fuego.
    
   Su tesis de doctorado resultó del profundo conocimiento de los habitantes de Corrientes en todas sus manifestaciones: costumbres, creencias, vivienda, etc. Se desempeñó como Técnico de Antropología del Museo de Lomas de Zamora, Perito en antropología de la Corte Suprema de Formosa y de la Justicia de Neuquén, Asesor folklórico del Fondo Nacional de las Artes, investigador del Conicet, becario de la OEA.
   En la actividad docente fue profesor de Prehistoria general y arqueología americana en el I.S.I. de Relaciones Públicas. En 1967 partió a Río Negro para trabajar como antropólogo en las reservas indígenas y luego pasó a la Universidad N. del Comahue a la que dedicó más de 25 años de enseñanza altamente calificada en las cátedras que por concurso había ganado en la Carrera de Comunicación Social.
   M.H. González publicó trabajos de su especialidad en México, Suiza, Perú y Argentina; intervino en congresos internacionales con ponencias medulosas. El pago de Capilla del Señor le ofreció temas para cuentos y búsquedas históricas entre las que se encuentran indagaciones sobre el reparto de tierras y su evolución a través de los siglos, la Historia de la Iglesia de Capilla del Señor y la Historia antigua de la Virgen de Luján (inéditas).
   Era el referente siempre dispuesto, generoso, ante toda inquisición sobre el lugar, no sólo porque compulsó actas y libros en archivos y bibliotecas, sino porque había recogido testimonios valiosos de viejos pobladores. Entre sus obras, artículos y estudios publicados, citaremos referidas al pago, La batalla de la Cañada de la Cruz, Escuela de las primeras letras, Padre Fahy. Fino poeta, algunos de sus versos aparecieron en revistas locales.
   M. H. G. devolvió a su pueblo el saber acumulado y lo participó a jóvenes y no tan jóvenes con paciencia docente; entusiasmó con sus conocimientos históricos y humanos a u grupo que se llama Asociación Pro Memoria y vela por Capilla del Señor, "Bien de Interés Histórico Nacional".
          
Fuente: "Entre packs & icebergs" Miguel Hangel Gonzales, Asociación Pro Memoria de Capilla del Señor,1998.
 
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